Por Juan Pablo Ojeda
La administración de Petróleos Mexicanos ha implementado una política de rendición de cuentas que prioriza la reducción de la dependencia externa, logrando una caída del 23.3% en la importación de combustibles durante el primer trimestre del año. Este ajuste estructural es consecuencia directa de la mayor capacidad de procesamiento en el Sistema Nacional de Refinación (SNR), el cual ha comenzado a desplazar las compras en el extranjero.
El fortalecimiento del SNR permitió procesar 1.141 mil barriles diarios de crudo, un incremento del 22.2% frente al ejercicio anterior. El desempeño de las refinerías de Tula y Dos Bocas fue determinante para alcanzar una elaboración de petrolíferos de 1.110 mil barriles por jornada, logrando que el 65.7% de la producción total correspondiera a destilados de alto valor comercial, como gasolina y diésel.
En el ámbito comercial, las ventas internas registraron un crecimiento del 4.2%, lo que indica una mayor captura de mercado por parte de la empresa del Estado. Esta expansión en la oferta energética local es un componente clave de la estrategia nacional para estabilizar los precios de los combustibles y garantizar el suministro sin depender de la volatilidad de las refinerías ubicadas en la costa del Golfo de Estados Unidos.
La deuda financiera, que históricamente ha sido un punto de vulnerabilidad para el Estado, alcanzó un nuevo mínimo de 79 mil millones de dólares. Este desapalancamiento se ha logrado mediante una gestión de pasivos que ha priorizado el pago de vencimientos de corto plazo, reduciendo el riesgo sistémico para las finanzas públicas de la Federación y mejorando la calificación crediticia implícita de la empresa.
El costo financiero de la deuda disminuyó un 13.4%, liberando recursos que anteriormente se destinaban al pago de intereses. Esta eficiencia financiera se suma al éxito de la reciente emisión de certificados bursátiles en el mercado mexicano, la cual fue demandada 2.5 veces por encima de lo ofrecido, demostrando que existe una disposición del capital privado por financiar el modelo energético actual bajo condiciones de rigor fiscal.
La fiscalización de los recursos destinados a campos estratégicos como Ayatsil y Zaap ha permitido que la producción de hidrocarburos líquidos supere las metas establecidas para 2026. Con 1.652 mil barriles diarios, Pemex busca demostrar que la inversión directa en exploración y producción puede generar retornos tangibles que alimenten la cadena de valor de la refinación nacional.
Aunque los estados financieros muestran variaciones contables que afectaron el resultado neto, la directiva de la empresa subrayó que estas no impactan la capacidad de pago ni la solvencia operativa. La consolidación de estas bases financieras y comerciales es vista por los auditores como un paso necesario para garantizar la estabilidad de la compañía en el mediano plazo frente a los retos de la transición energética.